jueves, 18 de diciembre de 2008

Me gusté...

Te gusté? yo me encanté conmigo... no me leía hace mucho y me gusté... No importa cuántos meses pasen, ni el trabajo que haga, ni los hombres con que esté, no dejo de ser yo, y no dejo de sorprenderme de mí.
A pesar del narcisimo prosigo... (con más narcisismo probablemente... y sí, seguro)
El hombre de enero ya pasó a ser un recuerdo -aunque un punto permanente de comparación entre la pasión y lo que NO quiero para mí-
Pregunta: ¿Por qué la pasión dejó mi vida de un momento a otro? o fue él quién la traía? o la hizo aparecer.. o la descubrió para matarla? No, no he encontrado alguien como él, tan solitario, cariñoso, apasionado y cagado. No, no he encontrado quien me haga reír hasta doler la guata ni llorar hasta que se me salgan las entrañas por los ojos... No, no encuentro en mí el fuego del odio o del amor...
Quiero pasión por mi cuerpo... no el de la calentura -ése se evapora con el sudor-, no el por la vida -ése ya lo he tenido junto a mí muchas veces-, quiero esa pasión que te arrolla, esa con la que te desconoces y te da vergüenza sentirte así de tonta, de babosa, de hueca y sin sentido, esa que te amarra a algo que sabes que no deberías, pero que se siente tan bien. Es como cuando pruebas un dulce exquisito-léase hombre con pareja- que sabes no es apropiado probar; o te escabulles por las noches y haces locuras al son de la luna, o no sé... lo que odiamos de nosotros pero que seguimos haciendo porque en el fondo, bien en el fondo, sabemos que lo hacemos porque nos gusta, y nos arrepentimos hacia afuera pero no hacia adentro.
Descubro que me gustas, Sergio tenía razón... pero ya es tarde, y no me queda más que dedicarte un gracias por hacerme odiarte y amarte a la vez, algo tan difícil, satisfactorio y frustante, que despierta cada célula de mi piel.